Todo empezó por unas caracolas blancas…

Las traje conmigo de Costa Rica y acabaron convertidas en mis primeras joyas hechas a mano. Ese fue el inicio de mi trayectoria como diseñadora hace ya unos 25 años.

A partir de ahí la gente de mi entorno empezó a encargarme piezas y poco a poco me fui formando en la creación de joyas artesanales. 

La vida me trae objetos de lo más variado: jarrones rotos, tazas, fósiles encontrados en un acantilado, piezas de metal recuperadas de otras joyas, dibujos compartidos con una artista… Mi trabajo siempre ha estado influenciado por mi entorno e intento reflejarlo en mis creaciones, tanto en la forma como en el contenido. 

Ahora comienzo una nueva etapa con la creación de esta web, donde podrás ver mis creaciones fruto de todo lo que te he contado.

Cada joya parte del adorno que voy a utilizar, por ejemplo, unas algas recolectadas y secas. En función del color, miro con qué piedra lo puedo combinar. 

Entonces escojo el metal, que dispongo sobre planchas e hilos y envuelvo la pieza, ensamblándola con eslabones, argollas…

Como mis joyas son de un tamaño considerable, utilizo siempre la plata y el latón, porque son moldeables y fáciles de manipular.

Empleo herramientas muy básicas y elementales, ya que lo que más me gusta es el trabajo manual, usar la fuerza de mis manos en el proceso creativo. Solo de vez en cuando encargo moldes, que me sirven de base para crear una pieza. 

Ahora mismo tengo dos talleres: el de siempre del Ampurdán y el nuevo de Cantabria, donde pasaré largas temporadas. El de Cantabria todavía es pequeño, pero lo ampliaré con la idea de darme a conocer en toda la provincia.